Para un adecuado cultivo, tarea que se realiza a lo largo de todo el año, es necesario atender las prácticas de poda, el riego, la fertilización y el control de plagas.
La poda implica la eliminación de ciertas partes de la vid para controlar su crecimiento, la idea es igualar la calidad de la uva a lo largo de todo el parral; se realiza entre los meses de junio y agosto. La tarea de riego se lleva a cabo durante todo el año por goteo, cuando los viñedos están creciendo, para suministrar de manera continua el agua en el suelo.
Las uvas se cosechan cuando alcanzan su estado óptimo de contenido de azúcar, esto se da a partir de mediados de enero hasta el mes de marzo. Los racimos son cortados a mano por los trabajadores rurales y puestos en cajones, luego son paletizados para su traslado al secadero. El secadero está construido completamente de piedras limpias, para asegurar un secado homogéneo y, en caso de lluvias, un escurrimiento del agua en forma inmediata. Al llegar al secadero se descargan los pallets y se colocan los racimos de uva sobre rejillas, para su exposición al sol. Allí las uvas se dejan secar de 2 a 3 semanas, de esta manera su contenido de humedad se reduce de un 75% a menos del 15%. Una vez en el punto de secado óptimo, el personal del secadero las recolecta y coloca en bines para su traslado a la planta. Entonces son fumigadas y almacenadas en galpones, para finalmente ser procesadas.
Allí las uvas se dejan secar de 2 a 3 semanas, de esta manera su contenido de humedad se reduce de un 75% a menos del 15%. Una vez en el punto de secado óptimo, el personal del secadero las recolecta y coloca en bines para su traslado a la planta. Entonces son fumigadas y almacenadas en galpones, para finalmente ser procesadas.
Las pasas en bruto son fumigadas por segunda vez, para eliminar todo insecto vivo o huevo que pueda haber quedado. Inmediatamente se lleva a cabo el despalillado y calibrado, tarea que consiste en quitar todo tipo de palos y hojas para su tamañado, según los requerimientos de cada cliente.
El paso siguiente es el lavado para extraer todo resto de tierra o suciedad. Entonces se procede a abrillantarlas con aceite vegetal, para proteger la piel de las pasas. Luego pasan por un clasificador para detectar y separar todo tipo de objetos extraños; como palos pedicelos y eliminar toda pasa de uva que no reúna las características de la especificación del cliente. Posteriormente una inspección visual realizada por operarios altamente calificados comprobará la calidad de las pasas. Por último, se controla con una máquina de rayos X nuevamente el producto, pero esta vez no sólo en su aspecto exterior sino interior, para una verificación de calidad.
El pesado y envasado del producto es el último paso del proceso. La caja ya cerrada es analizada por un detector de metales de última generación; para su paletizado y estiba en un galpón, con temperatura y humedad controladas.